Mostrando entradas con la etiqueta Gritos del ego. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gritos del ego. Mostrar todas las entradas

martes, 27 de enero de 2015

ENCIENDE UNA VELA, O ENCIENDE MIL

Micrografía electrónica de una célula de adenocarcinoma replicándose.
Obtenida por investigadores de Eli Lilly, encontrada aquí.
 
Acabo de leer en un libro titulado Sonríe o muere que una mujer con cáncer de mama en fase IV (no hay fase V, amiguitos), al enterarse de que el Cangrejo había alcanzado sus huesos, escribió al sanador cuántico y gurú de la meditación y negacionista del sida Deepak Chopra lo siguiente:
 
A pesar de que sigo los tratamientos, de que he trabajado mucho para librarme de todos los sentimientos tóxicos, he perdonado a todo el mundo, he cambiado de hábitos y he empezado a meditar, a rezar, a comer bien, a hacer ejercicios y a tomar suplementos, el cáncer vuelve una y otra vez. ¿Se me está pasando por alto alguna lección que debería extraer del hecho de que continúen las recidivas? Estoy segura de que al final ganaré, pero cada vez que me dan un diagnóstico me cuesta más mantener una actitud positiva.
 
Y Deepak Chopra, en vez de callarse la puta boca, o decir algo estúpido pero inane, por que qué se le puede decir a esta mujer que no sea estúpido e inane, le responde:
 
Según mi opinión, estás haciendo todo lo que está en tu mano para curarte. Solo tienes que seguir así hasta que el cáncer se vaya de una vez por todas. Ya sé que resulta muy decepcionante el ir haciendo tantos progresos y ver que vuelve, pero a veces el cáncer es verdaderamente pernicioso, y exige la mayor diligencia y la mayor determinación para que llegue el momento en que lo superes.
 
OK. De acuerdo. Es una respuesta optimista y respetuosa. Pero hay algo que me huele mal, muy mal, y lo siento si ofendo a algún creyente en el poder curativo del buen rollo, pero así es. Porque da la sensación de que la mujer con cáncer de mama en fase IV (no hay fase V) tiene que ser positiva. Es decir, además de padecer los efectos tóxicos de la quimio o radioterapia, sufrir dolor y sentir como algo indescriptible se la está comiendo por dentro, tiene que meditar y rezar y perdonar a todos y poner buena cara y comunicar sus fallos de actitud al maestro zensuni de turno. No lo entiendo. No entiendo por qué no es suficiente con lo que tiene, no sé por qué cojones tiene que ser positiva. Como si el hecho de que acabara perdiendo la vida fuera resultado directo de la actitud: como si el hecho de no mantener una actitud sobrehumana de alegría loca y optimismo la condenara a muerte. Creo que es una locura. Creo que quien afirma, directa o sutilmente, que una persona con Cangrejo muere porque se dejó morir no tiene entrañas.
 
Maldito seas, Deepak Chopra.
 
Esa es mi opinión. No sé si les ofenderé. En ese caso, lo siento mucho. Pensemos, si es posible, en el cáncer de mama. El cáncer de mama no es otra cosa sino un puto monstruo. En los viejos tiempos, en el Egipto antiguo o en la época de Galeno, solamente había un pronóstico para el cáncer de mama: no hay cura. Con el progreso de la cirugía, surgió la mastectomía. Amputar el tejido del pecho afectado por el mal. Dicha técnica conoció un gran avance con la figura del cirujano norteamericano de apellido Halsted. Halsted, un  genio del bisturí cocainómano, inventó la mastectomía radical. Consistía en amputar todo el pecho encangrejado. Y los tejidos linfáticos subyacentes (muy radical). Y quizá parte de la pleura pulmonar (la hostia de radical). Y quién sabe, a lo mejor era necesario cortar un puñado de nervios asociados al sitio (ultra radical, sin duda). Lo que podría provocar, además de la mutilación, la pérdida de la capacidad de movimiento en un lado del cuerpo. Pero la cosa no quedaba ahí. A veces, para asegurarse, decían Halsted y sus entusiastas discípulos, podría ser necesario retirar una o varias putas costillas. El no va más de la radicalidad. ¿Por qué ese horror? Halsted y sus amigos eran médicos, no asesinos, pero se las veían con uno de los asesinos más despiadados de la humanidad. Debían ser duros: no podía temblarles el pulso. A veces sus mastectomías tenían éxito y las desfiguradas pacientes vivían. Pero a veces, de hecho muchas, demasiadas veces, y pese a haber recurrido a la más radical y sangrienta de las mastectomías, el mal volvía. En ocasiones en el otro pecho, en ocasiones en un lugar muy alejado y escogido como por azar. Y la paciente moría. Por segunda vez. ¿Halsted era bueno, malo, regular? Ni puta idea.
 
Este estado de cosas persistió hasta que se descubrió que la radiación y los venenos celulares eran capaces de masacrar al Cangrejo y las pacientes protestaron e hicieron valer sus derechos. Y a veces los cirujanos, fieles al juramento hipocrático, realizaban la mastectomía inmediatamente después de la biopsia, con la paciente anestesiada, sin haber solicitado su consentimiento. "He salvado otra vida", pensaba el cirujano. Y cruzaba los dedos.
 
Pero atención. La quimioterapia y la radioterapia tampoco son una cura del cáncer de mama. Ambos procesos (inyectar productos citotóxicos en el torrente sanguíneo o irradiar el tejido neoplásico quemando células), como ya saben, no discriminan entre células malignas en replicación y células normales en replicación. Ambos procesos destruyen por igual lo que está sano y lo que está enfermo. Es como matar moscas a cañonazos, o como me dijo una vez un médico: como matar una cucaracha echando abajo las malditas paredes. Y esos procesos no son definitivos, no son como el salvarsán que aniquila de una vez y para siempre jamás el bacilo de la sífilis. Pueden prolongar la vida de las víctimas del monstruo, pero no la curan. El monstruo puede volver. O no. Y no son tratamientos gentiles. Joder, no lo son en absoluto. ¿Conocen un compuesto químico llamado cisplatino? Las enfermeras solían referirse a este compuesto con el simpático nombre de "cisvomitino". Provoca de media veinte vómitos al día, la gente vomita tanto y con tanta fuerza que le acaban estallando los vasos sanguíneos de los ojos, ¡y les meten microgramos de esa mierda en las venas y lo llaman cura! He tenido el dudoso gusto de ver el cisplatino en acción, aunque no lo he sentido en mis carnes, y eso por un lado me hace sentir alivio, lo que es espantoso pero cierto, y por otro lado me hace gritar de rabia. Como dijo no sé quién, cuando se lucha con el Cangrejo (porque se trata de una maldita guerra) seguimos anclados en la barbarie: el Cangrejo se corta, se quema o se envenena. No hay alta tecnología médica aquí. Se siguen practicando muchas mastectomías. No hay balas mágicas.
 
Tampoco se conoce demasiado la etiología de la enfermedad y no hay una lista completa de factores de riesgo. Demasiados factores, abrumadora complejidad. El hecho puro y duro es que una mala jugada de cartas genética (oncogenes que se expresan cuando no deben y genes supresores de la proliferación celular irrestricta que no se activan cuando deben), unido a la edad y factores ambientales conocidos algunos, desconocidos otros, que pueden prevenirse relativamente (las mamografías son eficaces con mujeres que han superado la menopausia, mucho menos con mujeres que no), todo ello con múltiples variables de incidencia que no se conocen muy bien, hace que, a veces, en ciertas mujeres y no en otras, las células de los diversos tejidos de sus pechos decidan proliferar. Y proliferar. Y proliferar. Y etcétera. No les cuento nada nuevo. Es que estoy obsesionado con la idea. Lo siento.
 
Y algo parecido sucede con prácticamente todos los tejidos de los órganos del cuerpo de una persona, porque los órganos de la gente están hechos de células, maldita sea. Y el problema está en las células, en nuestras células de nuestros órganos, aunque a veces intervengan agentes externos como malos hábitos, virus o bacterias. Es un puto lío de mierda. Hay que saber más. Investigar más. Se pueden encender todas las velas rosas que se quieran; se pueden vender todos los putos ositos de peluche con lacito rosa que existen bajo el arcoíris; se pueden llenar las paredes de las salas de espera de oncología de los hospitales con pósteres chulos con lemas bonitos (A VECES NO PUEDES QUEDARTE QUIETO PARA COGER EL TREN DE LA VIDA, SINO QUE DEBES CORRER HACIA ÉL) hasta que ya no se vea la pintura de colores tranquilizadores de los azulejos; los psicólogos pueden dar todas las pautas de comportamiento ante el desafío del cáncer que aparezcan en sus libracos; se puede rezar a Dios, a los santos o a los cristales de energía. Supongo que nada de eso es malo. No hace ningún daño. Pero hay que saber más, joder.
 
Debemos conocer al enemigo.
 
Creo que no es de extrañar que la gente tenga miedo del monstruo, de que un buen día un señor o señora con bata blanca le diga que tiene esa cosa cuyo nombre no debe ser pronunciado en público. El Cangrejo, la grave dolencia, la terrible C. Y por eso necesitamos negar la maldita realidad. Les dirán, oirán y leerán muchas cosas al respecto. Que no mata el cáncer, sino la quimioterapia. Que una buena dieta, follar mucho, creer en el unicornio rosa invisible, tener una alta autoestima o evitar el estrés hace que te libres de contraer el cáncer. Que desde hace décadas existe la cura definitiva, y que dicha cura no se ofrece a la humanidad doliente por causa de la nefasta influencia del dólar y los tenebrosos manejos de Big Pharma. Que la mente controla el cuerpo, que la consciencia universal cuántica configura la realidad, y que si lo deseas, si lo deseas mucho, si lo deseas de verdad, de alguna forma lograrás que una célula maligna de tus pulmones opte por no proliferar. Es probable que alguien les diga, muy serio, que la negatividad produce cáncer de escroto. Sí, escucharán que la gente que vive en contacto con su yo interior, o en contacto con la naturaleza, o con Manitú, jamás conocerá a nuestro viejo amigo el Cangrejo. Leerán incluso que el puto monstruo es un "don", una "oportunidad" que se nos ofrece para conocer "el verdadero significado de la vida", algo que nos permitirá ser "mejores personas". Por lo tanto: si te toca, a poner buena cara y a dar gracias por la maravillosa oportunidad. Es una enseñanza que te da la vida. A no ser que, hostia puta, te mueras.
 
Todo esto me pone malo. Lo siento. Así es.
 
Porque pude observar detenidamente cómo una buena persona, una persona mucho mejor que yo, una persona a la que amaba, se iba al otro barrio hasta arriba de neomorfina. Escupiendo sangre negra, al final. Lo siento. Fue una observación empírica. Encendí velas y todo, ¿saben? Pero.
 
Enciende una vela, enciende mil. Al Cangrejo le importa un carajo.
 
 
 
 

domingo, 22 de junio de 2014

TEMUJIN Y EL PARADIGMA

 

Estatua de Temujin en Tsonjin Boldog, Mongolia.
Con 40 metros de altura y 250 toneladas de acero,
es la estatua ecuestre de un asesino de masas
más grande del mundo mundial.
 
Años sesenta: las poblaciones no pueden descender abruptamente. Los informes sobre grandes matanzas llevadas a cabo por los mongoles tienen que ser o bien un error censal o bien una exageración medieval.
 
Durand, 1960, Population Statistics in China: "Un descenso considerable de la población en el norte podría deberse a una lucha entre los chinos y los invasores mongoles... Aun así, la pura magnitud del descenso en el norte, sin que haya un correspondiente equilibrio en el sur, crea la sospecha de que el censo en el norte tuvo que ser muy incompleto".
 
Años ochenta: las poblaciones pueden descender abruptamente, pero no debido a la matanza en masa llevada a cabo por los mongoles, sino a causa de factores colaterales a las invasiones mongolas, especialmente el abandono de infraestructuras.
 
Morgan, 1986, The Mongols: "Es cierto que lo que oímos más a menudo al respecto es la matanza y la demolición de las grandes ciudades de la Persia oriental. Pero el efecto de las invasiones mongolas en la agricultura fue mucho más grave. Algunos de los sistemas de irrigación fueron destruidos durante las invasiones, y sin una irrigación efectiva gran parte de la tierra no tardaría en convertirse nuevamente en un desierto. Pero una reflexión más a largo plazo es que aquellos sistemas, aunque en realidad no se destruyesen, en seguida dejaban de funcionar si no se llevaba a cabo un mantenimiento constante".
 
Primera década del siglo veintiuno: Gengis Kan no pudo matar a tanta gente como afirman los testimonios contemporáneos porque es físicamente imposible. Y es una exageración propagandística llevaba a cabo por los propios mongoles para aterrorizar al enemigo y ganar la batalla psicológica.
 
Weatherford, 2004, Gengis Kan y el inicio del mundo moderno: "Los mongoles pusieron en marcha una maquinaria propagandística que inflaba de forma harto convincente el número de personas muertas en la batalla y propagaba el terror allí donde se extendían los rumores". Y también: "A pesar de que se han aceptado como un hecho probado y repetido a lo largo de generaciones, las cifras [de personas masacradas por las hordas de Temujin] carecen de base real. Sería físicamente difícil matar a tantas vacas o cerdos, que esperan pacientemente su turno. Sobre todo cuando los supuestos exterminados superaban a los mongoles en una proporción de cincuenta a uno".
 
Moraleja: el Líder Universal, el creador del imperio más extenso conocido por la humanidad, no pudo ser tan malo. Era un genio militar, una especie de megavaquero libre y feroz que realizaba brillantes blitzkriegs, y gracias  a sus esfuerzos oriente se acercó a occidente, y eso, al parecer, es cojonudo. Tenemos por lo tanto muchas cosas que agradecerle, aunque se cargara a unas cuantas personas, pero ya saben, no todas esas miríadas de persas, chinos o azerbaiyanos o miembros de su propia familia que lo conocieron de cerca. ¿Las pirámides de cráneos? Cuentos de terror. ¿Y esas historias que dicen que el Gran Kan, durante la conquista de Persia, utilizaba los habitantes de las ciudades que ya había arrasado (hombres ancianos, mujeres y niños) como escudo humano, escudo que se llevaba la peor parte del combate a la hora de atacar una nueva ciudad? Propaganda. ¿Que en Bujara quemó una biblioteca con cuarenta y cinco mil volúmenes? Anda ya. ¿Que tras el asedio de Nishapur murieron 1,2 millones de personas según el cronista musulmán Joviani? Ostras, en primer lugar en Nishapur no había 1,2 millones de personas ni de coña, y en segundo lugar Joviani era el enemigo, ¿qué iba a decir, si no cosas malas sobre el gran Gengis? En Ruanda, ayer mismo como quien dice, los hutus pudieron matar a un millón de tutsis en tres meses básicamente a machetazos: ¿eso se puede aplicar a los métodos primitivos de genocidio de los mongoles? No: ya hemos visto que según Weatherford los mongoles no podían haber matado a tanta gente como se dice porque ni siquiera pudieron haberlo hecho con vacas y cerdos que esperan pacientemente su destino. ¿Que Gengis exterminaba a toda la población masculina de una ciudad tras otra? No era por maldad, sino un asunto de estrategia: no podía permitirse mantener guarniciones en los enclaves conquistados. ¿Era brutal y despiadado? En esa época oscura de mierda todos eran brutales y despiadados, y el pobre Gengis no era el más brutal y despiadado: véase por ejemplo san Francisco de Asís (ironía). ¿Y el dato de que todavía hoy puede que existan dieciséis millones de descendientes de Gengis Kan? Eso significa que Gengis era un "amante prolífico"... no mencionemos la palabra violación puesto que era un gran hombre. Etcétera.
 
Rehabilitemos a Temujin. Claro que sí.
 
No por nada, pero me da la impresión de que dentro de cien o doscientos años, cuando las aguas se hayan aclarado un poco, los historiadores ya podrán escribir obras maestras con títulos como Adolf Hitler, modernizador de Europa o La segunda guerra mundial en el fondo fue una buena cosa.

sábado, 7 de junio de 2014

NEURONAS ESPEJO, SECRETO JARDÍN

En los últimos años, un descubrimiento fisiológico en cerebros de macacos se ha ido convirtiendo poco menos que en el Santo Grial de las explicaciones neuromecanicistas del comportamiento humano, sobre todo del comportamiento emocional humano, si es que eso tiene sentido. Se trata del "sistema de las neuronas espejo" o  neuronas especulares, que dicen en la Wikipedia.
 
Son unas neuronas que presumiblemente activan comportamientos de imitación en macacos.
 
¡Las neuronas espejo también explican el contagio de los bostezos!
 
Sí: es un dato bastante curioso. Y puede que tenga cierta importancia. Por ejemplo, en este blog, de los muchos que se han hecho eco del asunto, hablan de ello.
 
No dice nada malo. Los datos de inicio, por lo que hemos podido averiguar, son correctos. Pero permítannos llamarles la atención sobre el párrafo que dice: Además, las neuronas espejo, desempeñan un papel fundamental en la psicología, en lo relacionado con la parte comportamental, como es la empatía, el aprendiza[je] por imitación, la conducta de ayuda a los demás, etc. demostrando una vez más que somos seres sociales. Añadamos que las neuronas espejo se han aducido como la clave que nos explicará las causas del autismo.
 
Aquí es donde la autora del blog, en nuestra opinión, puede estar equivocada. No obstante, creemos que ese posible error no es culpa suya. Creemos, es más, estamos absolutamente convencidos, de que ese posible error ha sido causado por el punsetismo. Si tienen ganas, pueden echar un vistazo a este vídeo, en el que el insigne Eduard Punset  perora sobre las puñeteras neuronas espejo y todas las maravillosas implicaciones que tienen para nuestra comprensión de lo chachi-piruleta que es la mente humana.
 
Abundando todavía más en los "fantásticos poderes" de las neuronas espejo tenemos a la vástaga de Punset. Elsa, en los diversos foros mediáticos que tiene a su alcance, no se cansa de repetir alegres y tranquilizadoras consignas sobre la "empatía" apoyándose en, ejem, ¡unas imágenes de resonancia magnética obtenidas del tejido cerebral del lóbulo de un macaco y un par de experimentos de imitación! (experimentos que llevan haciéndose desde principios del siglo XX). En este blog del periódico ABC pueden leer la doctrina de Elsa desencadenada. Dejando de lado el dibujo de Elsa y el león, verán un resumen del tinglado de la "inteligencia emocional", una rama de la Venta de Humo (en nuestra opinión) que se centra en los supuestos beneficios que se originan al "gestionar" nuestras "emociones". Elsa Punset, apoyada por el prestigio que tiene su padre, un prestigio que le convierte en la fuente número uno de información sobre ciencia en Hispanistán, se lucra con estas cosas raras. Así de simple. Cobra dinero por decirle a la gente, entre otras cosas, que la "capacidad para ponerse en el lugar de otras personas" procede de "nuestras neuronas espejo", que han supuesto una "revolución" en la "comprensión científica de la mente" (no son palabras exactas de Elsa; lo entrecomillamos porque probablemente sean chorradas. La verdad es que estamos siendo bastante chungos. Lo sentimos).
 
Pero no es tan sencillo. Por favor, echen aunque sea un somero vistazo a este artículo, publicado por los Institutos de Salud de Estados Unidos online y gratis. En dicho artículo, un artículo realmente científico revisado por pares, un neurofisiólogo llamado Gregory Hickok repasa la historia del descubrimiento del sistema de neuronas especulares en macacos y su posible importancia en seres humanos, y llega a esta conclusión: la importancia en macacos es problemática, y en humanos no está demostrada. Afirma asimismo que la importancia otorgada al sistema de neuronas espejo es como poco altamente especulativa, y adolece de la comprensible necesidad de las personas de encontrar una explicación única y omnicomprensiva a problemas muy complejos, en este caso, cómo actúan los mecanismos de la imitación en simios y el hecho de que la imitación pueda ser el origen de los comportamientos. O en otras palabras, lo que viene a decir es: "Aún no sabemos casi nada, es preciso investigar más".
 
Hickok no dice mucho sobre "empatía" o "gestión de emociones". No habla de "revolución científica". No nos dice lo que tenemos que hacer para ser felices y vivir una vida plena, porque no lo sabe. No afirma que un experimento ha demostrado que somos "seres sociales". Se limita a exponer las evidencias, y separa las evidencias de las hipótesis, y dada una hipótesis (que las neuronas espejo pueden aplicarse a seres humanos) ofrece datos que la contradicen. Se limita a hacer su trabajo. Claro que es evidente su escepticismo hacia dicha hipótesis, pero fundamenta ese escepticismo. Es honesto intelectualmente, o eso creemos.
 
O quizá suscriba otra teoría sobre la mente o el cerebro, y eche pestes sobre las neuronas espejo por una mera cuestión "emocional".
 
Pero no lo creemos. No queremos ser dogmáticos, ni soberbios, pero consideren el abismo entre la verdadera investigación y lo que nos venden como "descubrimientos trascendentales" en los así llamados "medios de comunicación de masas". Internet, la tele. Hay una tendencia a la hora de comunicar un descubrimiento científico (en el campo de la neurociencia y muchos otros), a 1) ignorar por pereza, desconocimiento o mera prisa las complejidades del tema; 2) obtener un titular rimbombante (LAS NEURONAS ESPEJO EXPLICAN LA EMPATÍA, por ejemplo) que desvirtúa por completo el trabajo realizado y se convierte en lo que nosotros, el gran público, conocemos por defecto; y 3) lo que es peor, se da carta blanca a los vendedores de aceite de serpiente para que se forren con un popurrí que "suena bien" basado en simplificaciones y en datos no concluyentes.
 
Joder, ni siquiera sabemos qué hostias es la "empatía", si es que es algo más que una palabra vacía para designar lo que nos salga de los cojones.

jueves, 16 de mayo de 2013

CÓMO VENDER UN MEDICAMENTO Y NO PERDER PASTA EN EL INTENTO

Hola, amiguetes. Os invito a que hagáis un ejercicio de imaginación: no os desaniméis si os resulta una entrada muy larga, os prometo que nos lo vamos a pasar a bien. Y además puede que os resulte útil. Uno de los objetivos de esta bitácora es colaborar humildemente en el desarrollo de las personas humanas en todos los ámbitos de la vida. Todos tenemos que poner nuestro granito de arena, estamos todos en el mismo barco, etcétera. ¿Hay algo más importante que conseguir la felicidad? Yo diría que no.
 
Hoy hablaremos de cómo hacer un ensayo clínico que nos ayude a vender un medicamento. Para ello imaginemos que somos los directivos de la empresa farmaceútica Pastillaka, Sociedad Anónima. Y supongamos que nuestros investigadores han descubierto una molécula, la humoína. Resulta que los hipotéticos químicos de nuestra empresa tienen la sensación de que la hipotética humoína tiene efectos positivos a la hora de controlar las arritmias en pacientes afectados por problemas cardiovasculares. Han hecho unos cuantos ensayos en animales y han comprobado que tiene efectos positivos en el control del ritmo cardíaco de perros, ratas y tocinicos. Lo cual es maravilloso. ¿Maravilloso porque puede ser un compuesto que ayude a los médicos a controlar la tensión de sus pacientes, evitando así molestias, padecimientos e incluso la muerte por infarto de los mismos? Bueno, sí, pero sobre todo porque si patentamos la molécula y logramos que los organismos reguladores de la industria nos permitan sacarla al mercado con un nombre pegadizo, tendremos un plazo (que suele ser de dieciocho años en la mayoría de los países) en el que podremos venderla en exclusiva. Pasado ese plazo la fórmula pasa a ser de dominio público y cualquiera con la capacidad suficiente puede sintetizarla, encapsularla y venderla como un genérico por cuatro euros. Y si convencemos a los médicos para que receten la humoína, podemos ganar un montón de billetes. ¿No es eso un poco mercantilista?, puede que os preguntéis algunos. No: somos Pastillaka, Sociedad Anónima. Tenemos accionistas a los que hemos prometido beneficios. Santa Teresa de Calcuta juega a otra cosa, amigos.
 
Sería estupendo si simplemente se pudiera hacer una pastilla y sacarla a la venta en la buhonería sin más historias, pero la gente es muy tiquismiquis: los organismos reguladores, como la FDA en Estados Unidos y la EMA en Europa, solicitan a las empresas farmaceúticas una serie de pruebas y ensayos clínicos en los que se demuestre que el nuevo producto a) no tiene efectos secundarios graves y b) es mejor para el tratamiento de la afección que un placebo (es decir, una sustancia neutra sin el principio activo que encierra nuestra molécula: generalmente es una pastilla de azúcar de colorines) o un medicamento que ya está en el mercado. Para ello hemos de gastar dinero (buf) en hacer esos ensayos clínicos. Pero no os preocupéis, hay muchas maneras de asegurarse de que un ensayo clínico sale según convenga a nuestros intereses. ¿Cuáles eran nuestros intereses? No, olvídense de los pacientes y de sus posibles sufrimientos. Nuestro interés es maximizar nuestros beneficios, no curar a nadie de nada. El que la gente se cure no es más que un agradable efecto secundario. No somos de piedra, claro que no. Pero si son de esa clase de individuos que se preocupan por el bien común y la salud de sus congéneres no sé por qué están leyendo esto, la verdad.
 
La filosofía de un ensayo clínico es bien sencilla. Se conoce desde los tiempos de la antigua Grecia y no tiene misterio. Simplemente se recluta a dos grupos de personas: a uno de los grupos se les suministra el medicamento que estamos probando y al otro no. Si el grupo que toma nuestro tratamiento muestra una mejoría con respecto al que no lo toma, entonces ¡bingo! En el caso de la humoína, si el grupo de personas que usa el compuesto químico tiene menos arritmias e infartos de miocardio que el grupo de control (el que no toma humoína) ya podemos sacar la botella de champán. Lo malo es que los ensayos clínicos deben de hacerse de acuerdo a una aburrida y cara metodología, con un montón de protocolos de seguridad, interpolaciones estadísticas y compromisos éticos. Y maldita sea, cuestan un montón de pasta. Veamos cómo podemos ahorrar costes y asegurar la aprobación de la venta de la humoína en una serie de fáciles pasos.
 
Lo primero es encargar a una empresa externa con la que tenemos un acuerdo de confidencialidad la tarea de realizar los ensayos clínicos en un país del llamado Tercer Mundo. Los partipantes serán gente de ese país, lo que nos viene muy bien porque nos salen mucho más baratos, y el aparato sanitario y de control del lugar seguramente sea mucho más flexible si metemos la pata (si muere gente durante el ensayo, por poner un ejemplo) que el de países de primera división. Cuando aprueben nuestro medicamento, podemos recompensar a estas buenas gentes vendiéndolo al mismo precio que en los países desarrollados, aunque su poder adquisitivo sea mucho menor. O inexistente. En la práctica eso significa que la mayoría de la gente en los países pobres no podrá pagarse el tratamiento con humoína pero, caramba, ya os hemos dicho que somos Pastillaka Sociedad Anónima, una de las compañías farmaceúticas punteras del sector. La calidad tiene un precio, ¿no?
 
Ahora vayamos a los resultados del ensayo. La regla de oro, repetimos, es que los ensayos deben demostrar que el producto es mejor que un placebo u otro medicamento para esa afección que ya esté en el mercado y que no tiene efectos secundarios graves. De acuerdo, pero en ningún sitio nos dicen que estos resultados tengan que basarse en la realidad. En lo que sigue vamos a comprobar lo fácil que es apañárselas para que nuestro compuesto, la humoína, se haga pasar por un medicamento ideal, efectivo y útil para la comunidad médica y los millones de personas en todo el mundo que tienen problemas cardiovasculares (y que constituyen, por supuesto, un mercado suculento), aunque (ups) realmente no sea así:
 
1. USEMOS EL TRATAMIENTO CON "PACIENTES IDEALES". En el mundo real de las consultas hospitalarias los pacientes son personas con muchos y muy complicados comportamientos, actitudes y reacciones frente a los compuestos químicos nuevos. Es muy posible que si les damos a pacientes reales nuestra humoína no se obtegan resultados claros, o que aparezcan efectos secundarios graves en ciertos parámetros. Por ello es conveniente usar "pacientes ideales": jóvenes, con buena salud en general y con un diagnóstico inequívoco. Esto nos asegura los resultados positivos. Que luego el producto realmente no funcione con pacientes de verdad no es asunto nuestro si hemos conseguido que las agencias reguladoras (basándose en nuestros datos) aprueben la venta de la humoína.
 
2. DEMOSTREMOS LA EFICACIA DE LA HUMOÍNA COMPARÁNDOLA CON MIERDA. Sí, amigos: este consejo es realmente muy útil. Supongamos que en el mercado existe otro medicamento, la baratoquinona, que tiene los mismos efectos que nuestra humoína o incluso mejores, y que además es genérico y por lo tanto está tirado de precio. En este caso, ¿por qué no comparar la humoína directamente con un placebo? Así es seguro que la humoína, por poco que haga, resultará mejor parada en el ensayo. Otras cosas que podemos hacer es comparar nuestro producto con otro que no tenga nada que ver con los problemas de arritmia cardíaca, con una pomada para contracturas por ejemplo; o compararlo con la baratoquinona, pero usando ésta en dosis grotescamente altas o bajas y evitando así que funcione en el grupo de control. ¿Que esto va en contra de la Declaración de Helsinki sobre buenas prácticas médicas? Anda, no nos vengan con chorradas, por favor.
 
3. HAGAMOS ENSAYOS BREVES. De esta manera ahorramos tiempo y dinero. Recordad que la humoína tiene que parecer buena:  no tiene por qué serlo realmente. Si luego la gente toma humoína y resulta que padece toda una gama de efectos secundarios a largo plazo no detectados en los ensayos, efectos que producen  un pequeño o gran sufrimiento o incluso la muerte, sería una putada; pero en esta vida, si quieres algo, te tienes que arriesgar. ¡Cruza los dedos y adelante!
 
4. CENTRÉMONOS EN LOS INDICADORES SECUNDARIOS. Esto es márketing puro. Imaginemos que la humoína no tiene ningún efecto en lo que realmente le interesa a los consumidores: no impide que se produzcan ataques cardíacos potencialmente mortales. Caramba, vaya chasco... pero eso no debería detenernos. Supongamos que los ensayos clínicos muestran que los análisis de sangre efectuados a las personas que han tomado humoína demuestran que ha bajado el porcentaje de colesterol en sangre. Esto es lo que se llama un indicador secundario: no hay manera de probar que la bajada de colesterol se relacione con el efecto principal (el descenso en la probabilidad de sufrir un infarto por arritmia), pero sigue siendo un dato positivo, sobre todo si exageramos esa relación con mucho arte. Hagámoslo y esperemos que la agencia reguladora se lo trague (suele hacerlo).
 
5. ATRIBUYAMOS LAS MEJORÍAS CAUSADAS POR LA VARIACIÓN AL AZAR DE LOS SÍNTOMAS A UN EFECTO PRODUCIDO POR NUESTRO AMIGUITO. La vida tiene sus putadas, pero también nos ofrece oportunidades. Los médicos saben que un paciente determinado sufrirá variaciones aleatorias de los síntomas: un día se encontrará mejor y otro peor, un día tendrá un cuadro de arritmia menos preocupante que a la semana o al mes siguiente. Esto es ruido estadístico y es propio de cualquier fenómeno complejo, como una enfermedad, que se prolongue en el tiempo. Y nos viene de perlas. En vez de introducir complicados protocolos para reducir el ruido estadístico y obtener evidencias firmes de los efectos positivos de la humoína, esperemos a que los pacientes muestren una mejoría por pequeña que sea y paremos el ensayo. No sabemos si la mejoría ha sido a resultas de la humoína o gracias a cualquier otra cosa, pero qué más da. Tenemos un resultado positivo, ¡viva y bravo! Y así sucesivamente.
 
6. MAQUILLEMOS LOS DATOS CON ALEGRÍA Y SAVOIR FAIRE. Muy bien, tenemos un  montón de resultados clínicos introducidos en una mega hoja de cálculo. ¿Qué hacemos, los presentamos tal cual? ¡No! Presentar los resultados en bruto asegura que los ojos escrutadores de las agencias reguladoras nos pongan todo tipo de pegas. Antes de presentar nuestros resultados conviene coger la crema antiarrugas, el pintalabios y la sombra de ojos para hacer que luzcan mucho más agradables a la vista. Hay muchas maneras de hacerlo. Una de las más sutiles es catalogar solamente el o los efectos secundarios más graves, ignorando el resto de efectos secundarios y volviendo sumamente nebulosa la seguridad del producto. O podemos sumar muchos resultados distintos, por ejemplo los de infarto y angina de pecho: si la humoína de nuestros amores tiene mejor resultado con la prevención de anginas de pecho (menos grave que el infarto) los resultados en el caso de infarto mejorarán también al combinarse con los de la angina de pecho. Otro comodín que tenemos a mano es el de los subgrupos: supongamos que una clase de personas, en verdad bastante reducida, como los varones nigerianos de entre 33 y 34 años, por decir algo, muestra algo parecido a una mejoría cuando se trata con humoína: pues es de cajón resaltar este subgrupo en detrimento de todos los demás (a los que la humoína no les hace nada de nada). Y nunca está de más jugar con los umbrales, haciendo que un beneficio modesto, digamos del 3 %, resulte espectacular, o centrándose en un segmento de datos donde se indica mejoría menospreciando el resto, o magnificando resultados poco reproducibles y en esencia aleatorios que indican éxito, o jugando con los gráficos... Las posibilidades son casi infinitas, y un buen maquillador de datos puede convertir una puta mierda de ensayo clínico en la cura definitiva contra todos los males de este mundo ingrato y cruel.
 
7. IGNOREMOS LOS PARTICIPANTES DEL ENSAYO QUE LO ABANDONAN ANTES DE QUE TERMINE. Los comités de ética siempre dan la murga con la idea de que en la información que se ofrece de un ensayo clínico ha de consignarse la cantidad de personas que lo han abandonado antes de su finalización, y el motivo por que lo hacen. Por lo visto, si se ignora esto se magnifican de forma irregular los beneficios del fármaco. Vale, de acuerdo: pero nadie tiene por qué enterarse de que el cuarenta por ciento de nuestros participantes en la toma de humoína se puso malita y mandó el ensayo a cascarla, ¿verdad? Que sea un secreto.
 
8. SI VEMOS QUE NUESTRO AMIGUITO FUNCIONA PARA OTRA COSA , CAMBIEMOS EL OBJETIVO DEL ENSAYO. Esto no es mentir, por supuesto que no. Veamos: la humoína no hace nada contra las arritmias pero resulta que sí tiene efectos beneficiosos para tratar la disfunción eréctil, de modo que centrémonos en la disfunción eréctil. ¿Se puede hacer eso? Sí. ¿Aunque en el protocolo del ensayo se haya reseñado explicítamente que el objetivo principal es reducir la arritmia cardíaca y los problemas cardiovasculares? Claro. Ya, pero si se aprueba el medicamento, ¿no se usará para el objetivo primario, la arritmia, y no para la disfunción eréctil? Oiga, nosotros no hacemos las reglas. (Nota: al margen de ironías, realmente sucedería así, dada la normativa actualmente existente sobre la aprobación de medicamentos para su venta. Y dado que los archivos de las agencias reguladoras suelen ser secretos o de acceso complicado, y no suelen estar por lo tanto disponibles para ser consultados por médicos y pacientes, en el prospecto de la humoína se indicará que ha sido aprobada para su uso contra la arritmia y el médico actuará en consecuencia. Parece absurdo, grotesco, irresponsable, y más. Pero es así). El resultado es que hemos colocado en el mercado un producto que no hace nada contra las arritmias, y ganamos dinero con ello. Choca esos cinco, colega.
 
En fin, con todo esto ya estamos en condiciones de vestir a la humoína con el mejor traje posible, y convertirlo en la novia que todo el mundo querría desposar. Y todo ello sin recurrir al fraude, que es de delincuentes y puede hacer que Pastillaka Sociedad Anónima se vea envuelta en caros procesos con la justicia y afectada por una nube pestilente de mala publicidad. Y éstas no son las únicas armas que tenemos en nuestra titánica lucha para conseguir un nuevo Mercedes y mudarnos a una casa más grande gracias a la venta de un medicamento que en el mejor de los casos no produce ningún beneficio evidente, y en el peor, mata gente. Por ejemplo, tenemos un departamento de márketing que se traga más de la mitad de nuestro presupuesto (Pastillakas, como la gran mayoría de las grandes farmaceúticas, destina la mayor parte de su presupuesto a pagar a publicistas y asesorías jurídicas; el dinero destinado a la investigación de base de nuevos productos ocupa, con suerte, el tercer lugar), el cual se encargará de propagar las bondades de la humoína (ahora conocida como Lapollatil, marca registrada) a bombo y platillo. Por ejemplo comprando espacio televisivo para bonitos anuncios donde un actor de prestigio de una serie de moda nos dirá, con la credibilidad que le otorga ser un actor que no entiende una mierda de arritmias, infartos, estadística y ensayos clínicos de doble ciego aleatorizados, lo cojonuda que es la humoína. También está en nuestra mano subvencionar programas formativos en las facultades de medicina, pagar viajes a "sesiones de información" (que casualmente tienen lugar en conocidos centros turísticos) y realizar directamente pagos en prenda a los médicos, y de esta forma asegurarnos de que los médicos bailen nuestra canción y den gracias. Lo mismo con los periodistas que trabajan en la información médica y los políticos elegidos por todos que se encargan de instaurar las medidas sanitarias. Y pagar a los directores y editores de prestigiosas publicaciones académicas para que cuelen artículos laudatorios sobre la humoína escritos por esos mismos especialistas a sueldo. Y decir a los colegas del departamento de redacción de información pública que pergeñen el prospecto de nuestra pastilla más parcial y confuso que sea posible sin violar ninguna ley. Y escudarse en pactos de no divulgación, posible pérdida de competitividad, derechos de patente y confidencialidad de los voluntarios que han participado en nuestros ensayos clínicos de chichinabo cuando ocurra algo malo y se nos pidan responsabilidades, aunque hayan vidas en juego. Ý desde luego, estaremos encantados de que los miembros de las agencias reguladoras de medicamentos tengan intereses creados con nuestra empresa y que, además, se vean obligados a acelerar los trámites de aprobación cuando suenan las alarmas sanitarias, alarmas que usualmente hemos creado nosotros sacándonos de la manga alguna horrible enfermedad pandémica apocalíptica que copa los telediarios.
 
Y desde luego, cuando termine nuestra licencia de explotación exclusiva de la humoína, cojamos la molécula, cambiémosla un poquito y saquémosla al mercado con otro nombre y otra ronda de ensayos clínicos de los que molan, y hala: a seguir ganando dinero como locos.
 
Si no sacas provecho de todo esto es que eres tonto. O algo mucho peor: honrado.
 
 
(Por supuesto, y por desgracia, esto no es más que una chorrada, pero basada en hechos jodidamente reales. Os recomiendo leer el libro Mala farma: cómo las empresas farmaceúticas engañan a los médicos y perjudican a los pacientes, del psiquiatra, divulgador científico y azote de farmaceúticas y curanderos por igual Ben Goldacre [Paidós Contextos]; todo lo que habéis leído entre bostezos aquí está infinitamente mejor explicado, y con ejemplos de verdad que ponen los pelos de punta, con sus correspondientes referencias. Lo considero especialmente valioso porque denuncia con claridad una situación muy, muy grave, propone soluciones razonables y no entra en el juego de la medicina "alternativa", que en mi opinión se vale de los desmanes de las grandes farmaceúticas para aumentar su cuota de mercado y no para hacer lo que debería hacer, que es curar a la gente enferma. Aquí tenéis una copia en pdf de la Declaración de Helsinki de la Asociación Médica Mundial por si os hace tilín ver cómo la práctica de las farmaceúticas se caga en cada uno de sus preceptos a diario. Desde luego, he cargado las tintas, ya que lo normal es que todas esas manipulaciones torticeras de los datos se hagan para obtener un beneficio y no para perjudicar a nadie a sabiendas. Todos somos humanos, y la gente de las farmacéuticas y las agencias reguladoras es tan humana como nosotros. Simplemente he expuesto el peor de los escenarios posibles, pero lo habitual es la desidia, la prisa, la burocracia excesiva y las normativas miopes).
 
 

martes, 7 de mayo de 2013

CAZANDO BRUJAS

Por caza de brujas se entiende cualquier epidemia de acusaciones dentro de una comunidad dada (un pueblo, una ciudad, una comarca, un país) y toma la forma de un bucle de retroalimentación de este tipo:
1. Entre las víctimas predominan las mujeres sobre los hombres. Hay también muchos pobres, marginados o personas con trastornos psicológicos o minusvalía mental. Como se ve, los cazadores de brujas son decididos y valientes.
2. Normalmente, en el potaje entra la acusación sexual ("tú, bruja, yaciste con Satán") o la acusación de abuso sexual ("gracias a la hipnosis he recordado que mi padre abusaba sexualmente de mí en el aquelarre satánico").
3. No se necesita probar la acusación con hechos. El testimonio impactante manda. La mera acusación constituye la prueba.
4. Quien niega la acusación aparece como doblemente culpable ante sus vecinos y antiguos amigos.
5. Epidemiología de las acusaciones I: si la primera acusación tiene éxito, el ritmo de nuevas acusaciones aumenta exponencialmente.
6. Epidemiología de las acusaciones II: el punto crítico se alcanza cuando la sospecha es omnipresente, esto es, todos sospechan y nadie está libre de sospecha.
7. Si se alcanza el punto crítico, la cosa suele llevar a la violencia, de palabra, obra u omisión de socorro.
8. Una vez se ha liberado toda la energía, el movimiento muere, agotado su combustible. Puede permanecer un núcleo duro, un remanente paranoico que sigue convencido de la veracidad de las acusaciones, pero el resto de la comunidad opta por una repentina amnesia colectiva.
 
 
 


Al hablar de cazas de brujas, pensamos en eso mismo: supuestas brujas quemadas porque algún chiflado medieval así lo dispuso. Esto contiene un error, ya que las epidemias brujeriles no son propias de la Edad Media, sino de lo que llamamos el Renacimiento (tiene guasa) y el inicio de la Edad Moderna. Sólo en los principados alemanes se quemaron a unos cincuenta mil mujeres durante los siglos XV y XVI, según los cálculos más conservadores.


Pero no pensemos que la credulidad ciega y la paranoia son propias de tiempos pasados, de gente atrasada sumida en las tinieblas de la superstición. No. Examinemos un caso documentado.
 
 
Mattoon, Illionis, 1944. Una mujer denuncia que un varón desconocido entró en su dormitorio y la intentó dormir con un spray narcótico. Al día siguiente, el Daily-Journal Gazette, el periódico local, titula en primera página: ANDA SUELTO MERODEADOR CON ANESTÉSICO. En los días siguientes, primero dos, luego cinco, luego una docena de vecinas denuncian que por la noche un hombre embozado ha intentado asaltarlas previa rociada con un spray. Los maridos, los padres, los hijos comienzan a montar guardia en los dormitorios, armados con revólveres y escopetas, mientras un plumilla del Daily-Journal Gazette empieza a cubrir diariamente la noticia bajo el epígrafe SE BUSCA AL ANESTESISTA LOCO. En números, hubo 65 denuncias en tres días. Pasadas dos semanas, la policía había detenido a diez vecinos de Matton, que fueron acusados de ser el ANESTESISTA LOCO, y que permanecieron confinados para que sus convecinos no los lincharan. Al cabo de un mes, no había podido probarse que ninguno de ellos fuera el ANESTESISTA LOCO. De hecho, el comisario indicó que era muy posible que no hubiera ningún ANESTESISTA LOCO. Pasado un año, la mayoría de los habitantes que habían sido acusados y encerrados abandonó la población y el resto se dedicó alegremente a sus asuntos.


La cosa no queda aquí. A finales de los años 80 y principios de los 90, Norteamérica e Inglaterra vivieron la edad de oro de los adoradores de Satán. El tema hasta tenía su propia designación policial: SRA (Satanic Ritual Abuse). Se decía que en cada pueblo, ciudad y esquina del país había seguidores del Diablo dispuestos a hacer cosas muy feas con los hijos de los inocentes vecinos. Luego se dijo que muchos padres hacían este tipo de cosas horribles con sus propios hijos. Tanto el FBI como la policía se vio obligada a investigar docenas, luego cientos, y al final miles de denuncias (por lo general anónimas) por las que se acusaba a alguien de beber sangre de bebé, abusar de niños, celebrar aquelarres y otras lindezas. No había ninguna prueba empírica de peso que avalara la inmensa mayoría de estas denuncias, pero intervinieron los medios de comunicación de masas y entonces no hubo quien parara la bola de nieve. En 1987, Geraldo Rivera, un presentador de la tele que era como Oprah, Ana Rosa y María Teresa juntas, dijo en su programa de máxima audiencia: "Los expertos estiman que hay más de un millón de satanistas en este país... Desde los pueblos a las grandes ciudades, han atraído la atención de la policía y el FBI con sus rituales satánicos de abuso de niños, su pornografía infantil y sus asesinatos satánicos. Es probable que algo así esté ocurriendo cerca de su casa". Ni que decir tiene que Geraldo no nombró a ningún "experto", ni dio pruebas de su generosa estimación de adoradores de Satán, ni dijo en qué pueblos y ciudades se daban esos terrible hechos... Se limitó a poner cara muy seria y decir "satánico" y "niños" el máximo número de veces posible. De modo que las denuncias aumentaron enormemente; un policía de una localidad de Nueva Jersey calculó que en su pueblo el 60 por ciento de los habitantes varones era un maligno adorador del Diablo. Incluyendo en ese porcentaje a su propio jefe y al alcalde de la localidad. En resumidas cuentas, fue un hermoso período de la historia reciente del mundo en el que la histeria predominó y los fundamentalistas, los psicólogos torticeros y los abogados hicieron su agosto.
 
 
 


Y así sucesivamente. Pueden ser los adoradores de Satán, los alienígenas, las torres de alta tensión productoras de cáncer, los recuerdos recuperados, la corrupción política, la gratuidad o no gratuidad del Whatsapp... No es preciso que sea verdad, no es preciso que sea verosímil. Sólo nos tiene que tocar la fibra. Nosotros, los Homo sapiens sapiens (dos veces sabios) somos así de gilipollas. Como dijo L. Ron Hubbard, fundador de la Cienciología: Si es verdad para ti, es verdad.

domingo, 5 de mayo de 2013

HASTA LA TRUANCA DE JUEGO DE TRONOS

Queridos amigos que no me vais a leer y que, en el mejor de los casos, me odiaréis con ese odio indiferente que se reserva a los insectos y las chinches: no sé si esto va a ofenderos, ya que no estoy seguro de que sigáis la serie, pero he de decirlo o voy a explotar. En efecto, soy un gafapasta inmundo, un monosabio de la peor especie. Así es, soy un purista con arrebatos inquisitoriales. Por supuesto, la tele es Dios y HBO es su profeta. Pero sé que en este reducto de libertad, en esta pradera de verde hierba donde corre el aire fresco y las mariposas extienden sus alas multicolores, puedo expresar mis más hondas convicciones sin ningún temor. Y es que:


LA SERIE DE JUEGO DE TRONOS ES UNA MIERDA PINCHADA EN OTRA MIERDA Y TODOS SUS "FANS" SON UNA PANDILLA DE DESUSTANCIADOS (por supuesto, ustedes y los suyos quedan excluidos en caso de que les agrade contemplar esta morralla audiovisual).


Lo aprendió de las telenovelas


Basta de comentarios babosos en Twitter hechos por muchachas que se hacen llamar "Daenerys Targaryen". Basta de camisetas con lobos, cuervos y eslóganes vacuos. Basta de promociones horteras. Basta de webs hagiográficas del gordo Martin en internet: como si pidieran a gritos que el escritor les petara el ojal con el mango de un hacha vikinga (oh, espera, con un hacha de los Greyjoy). Basta de plagiadores que atiborran las redes con sus ocurrencias derivadas. Basta de idolatrar a un puñado de actores/mercenarios que se ponen disfraces estúpidos, enseñan el chocho si hace falta y hacen caídas de ojos y posan como gilipuertas en pósters inmundos. Basta de "expertos en Canción de Hielo y Fuego" que se leyeron el libro cuando oyeron sonar las trompetas y que ni siquieran saben quién es Robert E. Howard.

¿Queréis un ejemplo de todo este sindiós? Muy bien, entrad en la página oficial de la serie y os mostrarán un enlace en el que - que los siete nos protejan - podéis diseñar vuestros propios estandartes de chichinabo... Sí, es posible que cada capullo aburrido del planeta pueda entretenerse pergeñando un tontuno estardarte como, por ejemplo, un pingüino monguer de los Pingüinos de Mongerlandia. En mi opinión, George RR debería haber dicho NO hace mucho, pero es lo que hay.

Desde luego, mi posición es completamente snob. Soy de los idiotas que se leyeron Juego de Tronos a principios del 2000, cuando sólo leían cosas de espada y brujería los pertenecientes a la oscura Cofradía de los Freaks de la Espada y Brujería Española; es decir, cuando no estaba de moda, cuando tenías que soportar las chanzas de los amigotes, cuando era una afición casi secreta y vergonzante... Por todo esto, el actual boom demencial de esta serie novelesca en concreto me parece asaz mercantilista; algo vacío, sin alma, resultado del contagio memético entre las masas manipuladas por los dictadores del gusto de turno. Por supuesto, esta postura es grotesca, pero no esperen que me baje del burro. Hay pocas cosas en la vida, y defender tu derecho a ser un creído es una de las más importantes. Así que basta ya.

Por el amor del gran dios calamar Cthulhu, BASTA.

BASTA, BASTA, BASTA, BASTA, DEJAD DE DAR POR CULO, REVENTAOS OS VEÁIS TODOS Y QUE LOS PERROS DEVOREN VUESTRAS OSAMENTAS, CATERVA DE ENTERAOS.

Disculpen la parrafada.